Más derechos, menos privilegios y el pavor de la Derecha a la igualdad

escalon_1_1494Por Tito Flores Cáceres(*)

Abundan las situaciones a nivel mundial, en la historia contemporánea, en las que las fuerzas sociales y políticas conservadoras, hacen lo imposible por evitar el progreso social y la expansión de los derechos de las personas.

Por angas o por mangas, por la Patria, por el Orden, por la libertad de los mercados, por lo nocivo de las ideas foráneas, o porque así lo indica el Orden Natural y el EspírituSantoAmén, los grupos reaccionarios (como se los denominaba en la Revolución Francesa) han buscado mantener sus granjerías y sus situaciones de privilegio.

Chile no ha estado ajeno a hechos de esta naturaleza. Lo vivió Balmaceda. Lo padecieron iniciativas legislativas de corte educativo, laboral y social (la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria entre ellas) a lo largo de todo el siglo XX. Lo enfrentó Pedro Aguirre Cerda y su agenda industrializadora y reformista y lo sufrió el propio Salvador Allende.

Por eso no son de extrañar las declaraciones claramente orquestadas de la Derecha dura chilena, en orden, por una parte, a criticar de manera destemplada, irresponsable y descalificadora, a la Presidenta y a sus colaboradores más cercanos, y por otra, a efectuar un encubierto llamado a la sedición a través de spots de mucha gente linda y camisa blanca, pero en los que ilegítimamente, llaman a rebelarse contra el gobierno y sus medidas en materia social.

Y no es extraño porque precisamente las reformas impulsadas por el actual Gobierno chileno, más allá de errores y descoordinaciones, buscan efectuar cambios de fondo en el Orden Social chileno. Cambios que reviertan esa inmoral desigualdad entre los más ricos y los más pobres de la población, cercana a las 40 veces del volumen de ingresos mensuales y que nos sitúan en las postrimerías de las tablas en esta materia a nivel mundial.

Y no son extrañas tampoco aquellas reacciones enconadas de la Derecha, porque por su carácter redistributivo, la educación y su reforma, que es la prioridad del Gobierno, podría modificar en el mediano plazo la distribución del poder económico, político y social en Chile. Porque muchos son excluidos de antemano a través de la segregación que implica la selección a los establecimientos educacionales, el copago y las carencias físicas, simbólicas y presupuestarias, lo que termina reproduciendo los estratos sociales, generación tras generación, en un verdadero sistema de castas que algunos han comparado con el ignominioso apartheid.

La Igualdad no es mediocridad, por el contrario, es el reconocimiento del otro como un legítimo otro en la convivencia, como diría Humberto Maturana, con las positivas consecuencias que esta concepción tendría para la convivencia y la fraternidad social. La libertad de enseñanza no es libertad de empresa, sino la posibilidad de aceptar pluralistamente diversas visiones y propuestas en materia educativa, sin que por cortapisas censitarias ellas estén asociadas a calidad educativa. Por ello la importancia de la educación estatal y la tuición del Estado sobre los diferentes proyectos formativos.

En definitiva, los agoreros del caos, el miedo y la desinformación, se solazan con esa arraigada cultura impuesta a punta de fusil, que consagra como valor social, la diferenciación por los niveles y las pautas de consumo. Porque no eres mejor persona si tu hijo va a un colegio de falda escocesa y plisada y no a uno de jumper. Porque da lo mismo si la manguera de tu jardín costó $4.990 el metro y no $1.990 como al resto de tus vecinos. Por mucho que nos lo hayan hecho creer desde la más tierna infancia, eso no es lo importante. El crecimiento y el consumo no son fines en si mismos, debe, estar al servicio de un proyecto colectivo y por cierto a la vez de proyectos personales. Pero ambas dimensiones, la personal y la colectiva, no son contrapuestas como el neoliberalismo y sus adalides nos han hecho creer. Los países más prósperos son también los más inclusivos, los más garantes de derechos y los que armonizan los proyectos de los individuos y sus familias con los de la comunidad local y nacional. Esa integración es la clave y es lo que en buena medida está en juego en Chile en el actual mandato presidencial.

(*) Tito Flores Cáceres es Doctor en Gobierno y Adm. Pública y Director de PolíticaPública.cl

Fuente de la imagen: http://www.ediciona.com/hombre_rico_a_hombre_pobre-dirpi-36622.htm

Jaque a la UDI: Hasta el FMI apoya las Reformas en Chile

JAQUE-MATE-1Una magistral jugada, como sacada de un tablero de ajedrez, fue la realizada por el Gobierno de la Presidenta Bachelet en su visita a Washington D.C. Allí, además de reunirse con el Presidente Obama, y con el Presidente del Banco Mundial, tuvo un importante encuentro con la Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, quien públicamente a nombre del organismo, dio su “enérgico respaldo” al Programa de Reformas del Gobierno chileno.

Estamos hablando del organismo financiero internacional que más fieramente impulsara en la década de los ochenta, las reformas estructurales de corte neoliberal, a lo largo y ancho del mundo. Lejos está pues de tendencias estatistas, izquierdistas o revolucionarias. De allí lo simbólico de su respaldo. En el contexto de la disputa política que hoy se vive en Chile en torno a estas reformas, y que tiene a la derecha, especialmente a la UDI, el partido más conservador  del país, atacando al gobierno por proponer medidas que según sus líderes sembrarían el caos, la Presidenta Bachelet da muestras de su gran influencia a nivel internacional, y consigue que sus propuestas de reforma tributaria, educativa y laboral, sean bendecidas por el FMI.

Con ello la Derecha se ha quedado sin una parte importante de sus municiones opositoras a los proyectos y solamente su obstinación en mantener una posición dogmática y conservadora le haría persistir en la misma línea argumental -de corte macroeconómico- con tintes de verdadera campaña del terror.

Porque en comparación con los países grandes de verdad de la OCDE, Chile tiene mucho que avanzar en materia de igualdad y justicia social, y la implementación de medidas en tal sentido no implican necesariamente, caídas en el empleo ni problemas de gobernabilidad. Por el contrario, solo bastaría que aquellos en los que se “hiperconcentra” la riqueza, estén dispuestos a ser más solidarios con el resto de sus conciudadanos, y que dicha solidaridad quede consagrada en un nuevo pacto político social de convivencia, que ponga en el centro al colectivo y su cohesión, por sobre la individualidad exacerbada.