Ex presidentes, mesianismo y un carisma a la baja: Que dios nos libre de los regresos

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Por Tito Flores Cáceres

A nuestro pesar, los ex presidentes Ricardo Lagos y Sebastián Piñera, han manifestado su disposición de regresar a La Moneda. Nada personal contra ellos, sólo que la evidencia histórica del siglo XX y de lo que va del XXI en Chile, han dado indicios de que las más de las veces, las segundas partes presidenciales nunca son buenas.

Lo anterior tiene una explicación casi obvia desde el punto de vista social y político: los carismas se desgastan, y los ex presidentes en sus intentos de regreso, fallidos o exitosos, parecen inspirarse más en un mesianismo idealizado, respecto de su propia persona, que en una actitud política sensata y con criterio de realidad, que les haga comprender que ya no son quienes fueron en el momento de ser electos por primera vez.

Max Weber señala que el carisma, «es la cualidad, que pasa por extraordinaria, de una personalidad, por cuya virtud se la considera en posesión de fuerzas sobrenaturales o sobrehumanas -o por lo menos específicamente extracotidianas y no asequibles a cualquier otro». Agrega Weber, que en tal sentido «no importa la manera en que habría de valorarse objetivamente la cualidad en cuestión, sea desde un punto de vista ético, estético u otro cualquiera, sino, en la manera en que tal cualidad es valorada por los «dominados” carismáticos, es decir, por los adeptos».

El carisma sin embargo, y eso es lo que parecen olvidar los presidentes con anhelos de regreso, no es un capital inagotable. El ejercicio del poder, como es lógico, lo va desgastando paulatinamente. De tal modo, aquellas cualidades que hicieron que los seguidores le confirieran al líder un aura sacra, se secularizan, y por tanto, se institucionalizan. Lo que antes fuera novedad, deviene en normalidad y en rutina. Continuar leyendo «Ex presidentes, mesianismo y un carisma a la baja: Que dios nos libre de los regresos»

La «pecadora» OMS y sus recomendaciones para un aborto seguro

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Sarcásticamente, tomando los recientes intentos de la Conferencia Episcopal chilena de «capturar» al Estado y evitar la legislación que despenaliza el aborto en Chile por tres causales, podríamos decir que la Organización Mundial de la Salud (OMS) es una «pecadora».

Y lo es porque reconoce el aborto como un hecho, como un dato de la causa si se quiere, y considera que el elemento esencial en este caso, es establecer las condiciones sanitarias adecuadas para esta práctica.

Y es que esta entidad internacional reconoce que los riesgos de salud y de muerte para la mujer, asociados a un aborto clandestino e inseguro, que es la opción allí donde esta práctica es ilegal, constituye un grave problema de salud pública.

Así que tan osada es su opción «pecaminosa», que ha llegado a publicar una guía técnica y de políticas para sistemas de salud, para un aborto sin riesgos.

Si quiere conocerla, descárguela aquí, pero antes, asegúrese de tener un confesionario cerca.

Más derechos, menos privilegios y el pavor de la Derecha a la igualdad

escalon_1_1494Por Tito Flores Cáceres(*)

Abundan las situaciones a nivel mundial, en la historia contemporánea, en las que las fuerzas sociales y políticas conservadoras, hacen lo imposible por evitar el progreso social y la expansión de los derechos de las personas.

Por angas o por mangas, por la Patria, por el Orden, por la libertad de los mercados, por lo nocivo de las ideas foráneas, o porque así lo indica el Orden Natural y el EspírituSantoAmén, los grupos reaccionarios (como se los denominaba en la Revolución Francesa) han buscado mantener sus granjerías y sus situaciones de privilegio.

Chile no ha estado ajeno a hechos de esta naturaleza. Lo vivió Balmaceda. Lo padecieron iniciativas legislativas de corte educativo, laboral y social (la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria entre ellas) a lo largo de todo el siglo XX. Lo enfrentó Pedro Aguirre Cerda y su agenda industrializadora y reformista y lo sufrió el propio Salvador Allende.

Por eso no son de extrañar las declaraciones claramente orquestadas de la Derecha dura chilena, en orden, por una parte, a criticar de manera destemplada, irresponsable y descalificadora, a la Presidenta y a sus colaboradores más cercanos, y por otra, a efectuar un encubierto llamado a la sedición a través de spots de mucha gente linda y camisa blanca, pero en los que ilegítimamente, llaman a rebelarse contra el gobierno y sus medidas en materia social.

Y no es extraño porque precisamente las reformas impulsadas por el actual Gobierno chileno, más allá de errores y descoordinaciones, buscan efectuar cambios de fondo en el Orden Social chileno. Cambios que reviertan esa inmoral desigualdad entre los más ricos y los más pobres de la población, cercana a las 40 veces del volumen de ingresos mensuales y que nos sitúan en las postrimerías de las tablas en esta materia a nivel mundial.

Y no son extrañas tampoco aquellas reacciones enconadas de la Derecha, porque por su carácter redistributivo, la educación y su reforma, que es la prioridad del Gobierno, podría modificar en el mediano plazo la distribución del poder económico, político y social en Chile. Porque muchos son excluidos de antemano a través de la segregación que implica la selección a los establecimientos educacionales, el copago y las carencias físicas, simbólicas y presupuestarias, lo que termina reproduciendo los estratos sociales, generación tras generación, en un verdadero sistema de castas que algunos han comparado con el ignominioso apartheid.

La Igualdad no es mediocridad, por el contrario, es el reconocimiento del otro como un legítimo otro en la convivencia, como diría Humberto Maturana, con las positivas consecuencias que esta concepción tendría para la convivencia y la fraternidad social. La libertad de enseñanza no es libertad de empresa, sino la posibilidad de aceptar pluralistamente diversas visiones y propuestas en materia educativa, sin que por cortapisas censitarias ellas estén asociadas a calidad educativa. Por ello la importancia de la educación estatal y la tuición del Estado sobre los diferentes proyectos formativos.

En definitiva, los agoreros del caos, el miedo y la desinformación, se solazan con esa arraigada cultura impuesta a punta de fusil, que consagra como valor social, la diferenciación por los niveles y las pautas de consumo. Porque no eres mejor persona si tu hijo va a un colegio de falda escocesa y plisada y no a uno de jumper. Porque da lo mismo si la manguera de tu jardín costó $4.990 el metro y no $1.990 como al resto de tus vecinos. Por mucho que nos lo hayan hecho creer desde la más tierna infancia, eso no es lo importante. El crecimiento y el consumo no son fines en si mismos, debe, estar al servicio de un proyecto colectivo y por cierto a la vez de proyectos personales. Pero ambas dimensiones, la personal y la colectiva, no son contrapuestas como el neoliberalismo y sus adalides nos han hecho creer. Los países más prósperos son también los más inclusivos, los más garantes de derechos y los que armonizan los proyectos de los individuos y sus familias con los de la comunidad local y nacional. Esa integración es la clave y es lo que en buena medida está en juego en Chile en el actual mandato presidencial.

(*) Tito Flores Cáceres es Doctor en Gobierno y Adm. Pública y Director de PolíticaPública.cl

Fuente de la imagen: http://www.ediciona.com/hombre_rico_a_hombre_pobre-dirpi-36622.htm