Autor: Editor

Los mínimos comunes y su mínima probabilidad (por Tito Flores Cáceres)

La agenda política chilena de los últimos días, ha estado marcada entre otros temas, por la posibilidad de generar un acuerdo transversal entre gobierno y oposición, en torno a lo que ha venido a denominarse como ciertos “mínimos comunes”.

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La primera complejidad en torno a ellos es conceptual, pues viene a ser la definición de lo que entenderemos por aquellos mínimos y a la vez, la delimitación de lo que cabra en aquel concepto, y más importante aún, de lo que quedará excluido del mismo. De allí que diversos actores involucrados y gestores de intereses hayan comenzado su cabildeo en favor de que sus propios asuntos sean considerados dentro de aquella conceptualización.

Una segunda complicación para esta iniciativa es política, pues este intento de acuerdo, se lleva a cabo, según diversas encuestas, en uno de los peores momentos del gobierno de Sebastián Piñera, en lo que a aprobación ciudadana se refiere. Tal desafección, que daña por cierto su capacidad gubernativa, se ve acentuada además por el denominado síndrome del “pato cojo”, que según la politología norteamericana, caracteriza a los gobiernos al final de su mandato, cuando intentan hacer lo suyo, atravesando su epílogo y en medio de la contienda propagandística y electoral que busca definir a su sucesor.

La tercera complicación, que probablemente es la más severa, dice relación con la legitimidad y con la credibilidad que puede alcanzar un acuerdo de esta naturaleza, dado el descrédito en los que se encuentran sumidos los diversos actores e instituciones del sistema político nacional, ante la ciudadanía.

De este modo, lo que en otro contexto, como lo fuera a principios de los noventa, podría haber sido entendido como una aproximación necesaria entre las fuerzas políticas, en aras de un bien superior (en este caso considerando el contexto de crisis económica y social derivadas de la pandemia),  dadas las circunstancias actuales, esta búsqueda de acuerdo puede ser comprendida, y así lo han expresado de hecho algunos sectores, como un “salvataje” encubierto, para un gobierno que parece estar haciendo agua por los cuatro costados.

En definitiva, considerando todo lo anterior, si de apostar se tratare, en torno al éxito o fracaso de la iniciativa de “mínimos comunes”, las tres complicaciones enunciadas, vienen a configurar un escenario en extremo adverso para ella.

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Queridos Julián y Magdalena, el histórico Plebiscito de hoy (Por Tito Flores C.)

Julián y Magdalena, Queridos Hijos,

A diferencia de todas las oportunidades anteriores, lamentablemente hoy no podrán acompañar ni a su madre ni a mí, al local de votación. Porque aunque vuestras ganas de hacerlo y vuestro espíritu cívico son muy robustos, este año la pandemia ha dispuesto otra cosa y la prudencia señala que será mejor que se queden a buen resguardo, sin exponerse al contagio.

Y es una lástima que no puedan ser partícipes activos de esta jornada, porque a diferencia de las otras elecciones en la que ustedes se han involucrado, la de hoy tiene un significado y una connotación muy particular.

Porque lo que está en juego, por medio del ejercicio democrático, este 25 de octubre, es ni más ni menos, la decisión de los chilenos y chilenas respecto de si queremos o no, cambiar las reglas del juego de nuestra manera de vivir en sociedad y del modo de organizar al país y sus instituciones.

Y ello significa, en otras palabras, que si gana la opción “Rechazo”, en lo fundamental, las cosas se mantendrán tal cual han venido siendo hasta ahora, los últimos 30 años, dentro de un marco institucional creado durante una dictadura . Si gana en cambio el “Apruebo”, se generará la posibilidad -pero no la garantía por cierto, porque ello dependerá de la deliberación posterior-, de que las cosas cambien, por medio de la creación de una nueva Constitución Política de nuestra República.

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¿Por quién doblan las campanas en Chile? (Autora: Joliette Otarola*)

campanero joven

Las campanas con su sonido metálico, a lo largo de la historia han tenido la función de convocar a la comunidad, avisar del peligro, llamar a las fiestas, vociferar públicamente que debía concurrirse al centro de la ciudad.

Hoy en Chile, aquellas campanas se transformaron simbólicamente en jóvenes que a través de la evasión en las estaciones de metro, movilizaron, supieron multiplicarse y paralizar un país para que estuviera dispuesto a escucharles.

El actual conflicto que vive nuestro país, es resultado de cuarenta años de intercambio monetario de derechos sociales. Cuarenta años en los que la participación tuvo un espacio reducido y contenido, generalmente asociado a organizaciones de la sociedad civil con limitado ejercicio en la toma de decisiones, y en las que por cierto, los y las jóvenes no estuvieron representados robustamente.

Prever las consecuencias de este modelo de relaciones sociales y económicas, fue de interés casi exclusivamente académico, política sin decisión y, quedó en el discurso poco pragmático, cuando se necesitaba pragmatismo.

Juventud y violencia ha sido un binomio repetido en estas semanas, la precarización de las formas de diálogo que se han sostenido por décadas, parecen haber llevado a una gran tensión entre la necesidad de cambio urgente que plantearon los y las jóvenes y sumado a la matriz de comprensión “adultocéntrica” (en palabras de Klaudio Duarte) que requiere de niveles de control exagerado para iniciar un camino de abordaje. Dicha forma ha sido la más a mano en un Estado que no cautela el ejercicio de derechos ciudadanos. Seguir leyendo “¿Por quién doblan las campanas en Chile? (Autora: Joliette Otarola*)”

De Invasores, Noches y Amanecidas (Por Tito Flores Cáceres)

los-invasoresCuando a mediados de octubre, la esposa del Presidente de la República, en un arranque de sincera angustia, pero a la vez de gran torpeza política, le comentaba a sus cercanas, a través de un audio que se viralizó rápidamente, que lo que ocurría en Chile en aquel momento de “estallido social” parecía una verdadera “invasión alienígena”, probablemente sin ella saberlo, transformaba con sus palabras, al dramaturgo Egon Wolff y al entonces director de teatro, Víctor Jara, en verdaderos clarividentes, cuyas profecías se hacían reales exactamente cincuenta y seis años después de anunciarlas.

Y es que precisamente el 19 de octubre de 1963  en la Sala Antonio Varas del Teatro de la Universidad de Chile, se estrenó la obra Los Invasores, con las actuaciones, entre otros, de Bélgica Castro, Tennyson Ferrada y María Canepa. En ella, un grupo de andrajosos invade no sólo la casa de los Meyer, una acaudalada familia de la alta burguesía chilena, sino que toda aquella luminosa y bella parte de la ciudad, es profanada por la horda gris y repugnante de los harapientos provenientes de los márgenes y arrabales.

Aquella invasión de pobreza y fealdad entonces, es simbólicamente en la Obra, la misma invasión de personas venidas de “otros mundos”, de verdaderos aliens-sociales, de la que se lamentaba atónita, la “Primera Dama” de la Nación. Porque precisamente lo que ha ocurrido en Chile desde la época en que se impusiera el “Peso de la Noche” portaleano, es decir el orden social y racial, en el que lo rico, blanco, hermoso y europeo, se superpuso a lo pobre, moreno, tosco y mestizo, es que la quietud de la masa, había sido la garantía de la tranquilidad pública. Seguir leyendo “De Invasores, Noches y Amanecidas (Por Tito Flores Cáceres)”