Ex presidentes, mesianismo y un carisma a la baja: Que dios nos libre de los regresos

ex presidentes gris

Por Tito Flores Cáceres

A nuestro pesar, los ex presidentes Ricardo Lagos y Sebastián Piñera, han manifestado su disposición de regresar a La Moneda. Nada personal contra ellos, sólo que la evidencia histórica del siglo XX y de lo que va del XXI en Chile, han dado indicios de que las más de las veces, las segundas partes presidenciales nunca son buenas.

Lo anterior tiene una explicación casi obvia desde el punto de vista social y político: los carismas se desgastan, y los ex presidentes en sus intentos de regreso, fallidos o exitosos, parecen inspirarse más en un mesianismo idealizado, respecto de su propia persona, que en una actitud política sensata y con criterio de realidad, que les haga comprender que ya no son quienes fueron en el momento de ser electos por primera vez.

Max Weber señala que el carisma, “es la cualidad, que pasa por extraordinaria, de una personalidad, por cuya virtud se la considera en posesión de fuerzas sobrenaturales o sobrehumanas -o por lo menos específicamente extracotidianas y no asequibles a cualquier otro”. Agrega Weber, que en tal sentido “no importa la manera en que habría de valorarse objetivamente la cualidad en cuestión, sea desde un punto de vista ético, estético u otro cualquiera, sino, en la manera en que tal cualidad es valorada por los “dominados” carismáticos, es decir, por los adeptos”.

El carisma sin embargo, y eso es lo que parecen olvidar los presidentes con anhelos de regreso, no es un capital inagotable. El ejercicio del poder, como es lógico, lo va desgastando paulatinamente. De tal modo, aquellas cualidades que hicieron que los seguidores le confirieran al líder un aura sacra, se secularizan, y por tanto, se institucionalizan. Lo que antes fuera novedad, deviene en normalidad y en rutina.

Lo anterior le sucedió a Carlos Ibañez del Campo, quien luego de algunas derrotas electorales, volvió a ser presidente, prometiendo  que con su escoba, barrería la basura de la política chilena, pero que terminó defraudando, porque la mano que la empuñaba era la de un anciano debilitado, lejano a ese general que con fuerza y autoritarismo había conducido el timón, veinte años antes.

El mismo trago amargo lo vivió Eduardo Frei Ruiz-Tagle, quien a pesar de “despeinarse”, sacarse la corbata y ponerse el chaleco sobre sus hombros, fue incapaz de reverdecer las cualidades que le habían permitido asumir quince años antes, como “presidente heredero” de las cualidades carismáticas de su padre, con quien comparte casi exactamente el mismo nombre, Eduardo Frei Montalva.

Y lamentablemente, le está ocurriendo a la propia Presidenta Bachelet, quien ve como si fuera un “paraíso perdido”, aquel tiempo en el que su popularidad y apoyo ciudadano superaba el 80% al final de su primer mandato. Hoy, tras sucesivos escándalos y errores no forzados, su gobierno apenas supera el 20% de aprobación. Y en consecuencia, esos rasgos que le atribuía la ciudadanía, que casi la encaramaban a los altares cívicos, y que constituían su principal capital político, parece haberlos perdido para siempre jamás. Para tristeza de sus seguidores, Michelle Bachelet, ya no volverá a ser la misma.

Ricardo Lagos y Sebastián Piñera no están lejos de estos fenómenos. El primero ya no es el valiente personaje, que se atrevió a emplazar y apuntar con el dedo al dictador, a través de las cámaras de televisión. El segundo, tampoco es el joven emprendedor, que logró forjar una fortuna, a punta de talento y astucia. Ambos sin embargo, así como todos los ex presidentes con vida, constituyen un recurso invaluable para la Nación. Su sabiduría y experiencia debe ser aprovechado para el ejercicio del buen gobierno. Son actores políticos, pero no se les puede “rebajar” y someterlos nuevamente a los fragores de una contienda electoral.

El camino para ello sin embargo, pasa por una solución institucional. No basta la buena voluntad. La Constitución debe reformarse en relación al período presidencial, ya sea permitiendo la reelección inmediata por cuatro años más, o bien extendiendo el período presidencial a los seis años. En ambos casos, debe quedar imposibilitada de por vida, la reelección.

Paralelamente a lo anterior, debe establecerse un mecanismo que permita a los ex presidentes/as seguir aportando a Chile, sin obstruir u opacar al presidente en ejercicio. Una alternativa es constituir con ellos una especie de Gerusía, al estilo de la Grecia clásica, esto es un Consejo de Ancianos de carácter asesor y  consultivo, pero no vinculante, inspirado más en la búsqueda del interés general o en el bien superior de Chile, que en la obtención de ventajas particulares.

Como sea, lo importante es lograr hacer realidad el clamor expresado en el título de esta columna. Que dios, la providencia, el destino, o quien sea, nos libre de los regresos. Que quienes ya lo fueron, se queden como tales en los libros de historia, y que nunca, sean del color que sean, vuelvan a ejercer la presidencia. Amén.

(*) Tito Flores Cáceres. es Doctor en Gobierno y Adm. Pública y académico universitario. En twitter: @rincondeflores

Fotografía: http://www.gamba.cl/2013/04/bachelet-y-la-continuidad-del-modelo/sebastian-pinera-eduardo-frei-ricardo-lagos-michelle-bachelet-patricio-aylwin/

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