Entre la nieve inclusiva y los niños bien: La oculta violencia del Chile Clasista

Por Tito Flores C.
Es gracioso. la semana recién pasada, casi de manera simultánea, dos hechos ligados de una u otra forma a la idea de la existencia de clasismo en Chile, publicados en diferentes medios de comunicación nacional, adquirieron visos de escándalo. Y lo gracioso es precisamente aquello, que las personas aún se escandalicen, y piensen que están descubriendo la pólvora, en un asunto que resulta obvio, para quien lo quiera ver.

Por una parte, la ex jefa de prensa de la UDI acusó públicamente a su partido de clasista y racista. Vaya novedad. Agregando que en la tienda existe una diferencia abismal entre los “niños bien”, aquellos de apellidos, estudios y rasgos simbólicos propia de la clase alta chilena, y los “tontos útiles”, los “carne de cañón”, el grupo que se creyó el discurso del compromiso popular del gremialismo, y que pensó que sin servidumbre, sino que a puro ñeque y talento, podían avanzar al interior del partido. Vaya ingenuidad.

El otro hecho, la publicación en un conocido vespertino nacional, de una columna medio en serio, medio en broma (aunque su sarcasmo era bastante mediocre), en la que se señalaba que hasta la nieve se ha vuelto “inclusiva” en Chile, y que por lo mismo, hoy es imposible tomar un pisco sour tranquilo en los centros de esquí, debido a la bulla que mete esa gente que va por el día, con sándwiches, termos con café y con vulgares choapinos de auto, para deslizarse cuesta abajo.

Admitámoslo. Hablar de clasismo, es para muchos una forma de resentimiento social. Así que esta columna arriesga a parecer resentida. Pero qué le vamos a hacer, clasismo también es teoría social, y teoría política y económica.

La Real Academia de la Lengua señala que clasismo es “la actitud de quienes defienden la discriminación por motivos de pertenencia a otra clase social”. Pero no vaya usted a creer que se trata de una discriminación tan burda como para ser abierta y explícita. En absoluto, se trata de una acción de baja intensidad, pero sostenida en el tiempo, las más de las veces implícita e invisible y que se sustenta en una serie de mecanismos sutiles de interacción social. Para referirse a estos mecanismos, el filósofo Pierre Bourdieau recurrió a las noción de “violencia simbólica”.

Se trata, dice Bourdieau, de “esa violencia que arranca sumisiones que ni siquiera se perciben como tales, apoyándose para ello en unas expectativas colectivas, en unas creencias socialmente inculcadas”, transformando así las relaciones de dominación y de sumisión, en relaciones afectivas, basadas en la admiración y en otras formas que terminan por otorgarle al dominador un “capital simbólico”, en forma de propiedades de cualquier tipo, carisma, fuerza física, riqueza, o valor guerrero, que al ser reconocidas por los otros (por los sometidos), se vuelve simbólicamente eficiente, como una verdadera “fuerza mágica” que permite perpetuar las asimetrías.

Precisamente de violencia simbólica hablamos, cuando reconocemos el proceso cultural vivido en el Chile desigual del libre mercado, que ha hecho que los excluidos admiren a los ricos y famosos del país, por su empeño y sacrificio en “hacerse a sí mismos” y que a la vez aprendan que en gran medida, la situación de precariedad, absoluta o comparada, en la que ellos mismos viven, es culpa de su falta de emprendimiento, de su falta de esfuerzo y de su poca visión de futuro. Porque durante cuarenta años se les ha inculcado imperceptiblemente, que aquello de las diferencias sociales no existe, porque todos somos clase media; que los conflictos y los determinantes estructurales de la sociedad son un cuento de viejos retrógrados sobre ideologizados; y, que en Chile somos distintos, pero todos uno, bajo esa misma bandera blanca, azul y roja, que para eso somos campeones de América con el favor de dios. Y por si fuera poco lo anterior, si de integración se trata, la cantinela invisible ha hecho creer que las pautas de consumo, viajes a la nieve incluidas, también pueden ser emuladas por los sometidos a través del endeudamiento institucionalizado y el pago en cómodas cuotas mensuales. Que para eso somos también campeones en los niveles de bancarización de los sectores más pobres de la sociedad. Porque el que quiere celeste que le cueste y sí no lo quiere, siempre estará allí el Estado, el gran paño de lágrimas de los más pobres y último recurso de los fracasados.

Qué le vamos a hacer. Chile es un país clasista. Se expresa en la vida cotidiana dentro de los microespacios de convivencia social, pero se ha justificado a lo largo del tiempo con un disfraz ideológico naturalizado de esfuerzo, emprendimiento e iniciativa individual. Violencia simbólica pura.

Por eso reitero que es tan trágicamente gracioso que aún hoy en el país, las personas se escandalicen frente a un par de ejemplos como los citados al comienzo de este texto, cuando podríamos llenar tomos y tomos de casos similares, en los que se expresa este clasismo y esta violencia simbólica, sumados a otros tantos casos en los que como la ex funcionaria UDI, se toma consciencia de la dominación, se intenta la rebelión individual frente a ella, y se termina viviendo impotente el peso del dispositivo de represión previsto en estos casos, para silenciar al “alzado”, al “parado en la hilacha”, al “desubicado”, al “aspiracional”.

Pero lo más grotesco de todo, es que en Chile esta situación de clasismo, dominación y violencia simbólica está tan arraigada, que hasta los intentos más modestos e ingenuos de modificación son rechazados. Las medidas propuestas por el programa de Michelle Bachelet, eran meras reformas, como su nombre lo indica, que en ningún caso ponían en jaque la lógica del modelo social y económico chileno. Por el contrario, estas medidas, venían simplemente a hacer lo que tanto organismo internacional como la OCDE, la CEPAL y hasta el mismísimo Banco Mundial han sugerido hace años: Chile requiere mayor igualdad, simplemente para que exista una real competencia en todo el amplio sentido de la palabra, de modo tal que no sean elementos simbólicos, de linaje o de cuna, los que determinen el futuro de los niños y niñas en el país, sino que en verdad lo hagan su talento y esfuerzo. Pero aquello, ya está visto, parece no sólo afectar los intereses financieros de ciertas empresas, sino que viene a golpear fuertemente la hegemonía social, política y económica de la élite. Y eso, sus integrantes parece que no lo aceptarán fácilmente. Porque una cosa es tomar como caso ejemplar de revista couché dominical, a ese niño que siendo pobre en su infancia llegó a doctorarse en EE.UU., después de mil peripecias, pero algo muy diferente es ver que aquella misma esperanza se masifique a tal punto de poner en jaque los privilegios de quien tiene la vida asegurada. De eso ni hablar.

Así que conformémonos con ese “realismo sin renuncia”, con ese incrementalismo insípido y medroso, justificado por sacrosantas razones macroeconómicas, que viene a buscar la conformidad de la mayoría, en un país en el que lamentablemente, los sueños de igualdad deberán seguir esperando.

(*) Tito Flores Cáceres. es Doctor en Gobierno y Adm. Pública y académico universitario. En twitter: @rincondeflores

Créditos Foto: chileanski.com

11 comentarios en “Entre la nieve inclusiva y los niños bien: La oculta violencia del Chile Clasista

  1. Pedro Gonzales dijo:

    Muy cierto lo del clasismo en nuestro país! Sin embargo no concuerdo con las reformas que está haciendo la actual presidenta. En vez de intentar equiparar la sociedad, en un buen nivel de vida, está provocando que se equilibre a un nivel de vida bajo y de poca calidad. Esto se ve en la incertidumbre y el mal manejo de la economía, que hizo y está haciendo más lento el desarrollo del país, que tan bien iba encaminado. Las reformas educacionales también contienen fallas, las cuales van a empeorar las condiciones de vida, como por ejemplo que los estudiantes deben ir a establecimientos de su comuna, lo cual delimita a cada estudiante y en muchos casos no permite el acceso a una mejor calidad de vida a través de la educación.

    • Noltraw dijo:

      Dificil para muchos hallar la razon al articulista toda vez q muienes acceden a este pasquin pertenecen a esa interminable y vario ponta clasemedia aspiracional que no le gusta ver retratado sus conductas “separatistas” en un medio y menos aun que se juzgue sus comportamientos financieros para poder acceder al primer mundo de este pais acosado x las tarjetas que te permiten vivir la fantasia de pertenecer…Es gracioso como se considera por algunos q fortalecer la ed publica x sobre la particular subvencionada ,dotar al.estado de mas recursos via recaudacion de impuestos a los suntuarios y a los multiples leyes anckas del librenercado(ej FUT),fortalecer los sindicatos x sobre el individualismo,es nivelar para abajo.Hace rato a mediados del s XX,para ser nas exactos eurooa y paises “chantas como Brasil y Argentina hicieron esta pega y consteuyeron verdaderas clases medias cultas y empoderadas…a mediados del sXX…Hoy en Chile donde todos son clase media(jeje) todavia hay q pedir la venía de losnpoderosos para hacer un.par de reformas timidas…pero lo peor es que son los pobres los que mas lucha contra ellas ;con argumentos de ricos …eso si es violencia simbolica sr Bourdieau,todos los nedios trabajando para evitar el mas minimo cambio,violencia simbolica y violencia de clase.

  2. Boris dijo:

    No voy a entrar en un tremenda disquisición al respecto. Igual hay un tremendo dejo de resentimiento en el trasfondo del artículo y también de caricaturización. De hecho el articulista condena el clasismo económico, pero él, para darle fuerza y categoría a su opinión, firma como Doctor en Gobierno y Administración Pública.

    Curioso. Trata de ejercer un clasismo académico para quien ose rebatirlo. La opinión que él emite no guarda ninguna relación con las competencias de su especialización. Esta opinión de él, adornada con un cierto oropel intelectual al citar a Bourdieau, es una opinión de carácter sociológico, y acaso. Es una mera observación desde una posición política claramente definida.

    Me sorprende que la redes sociales muchos “gurúes”, emiten opiniones políticas, se expresan sobre la contingencia y firman con sus grados académicos para darle peso y reforzar sus opiniones y entronizarlas casi como verdades inexorables.

    El grado académico se usa cuando uno está escribiendo un artículo científico, un paper o dando una opinión técnica propia de la disciplina del que la emite, lo que le otorga la propiedad para hablar sobre un tema específico.

    Yo tengo mi blog, escribo desde el híbrido de mi formación universitaria, de mi experiencia y de mi propia y auto didacta formación intelectual. Mis grados académicos los cito cuando estoy hablando de algo que tiene que ver directamente de mis competencias y se desliza una idea elaborada con un carácter disciplinario, aunque sea un artículo de difusión.

    La opinión de este joven o señor, es totalmente refutable en su emocionalidad, en su caricatura disfrazada de cierto academicismo. Yo le sugeriría que lea La Rebelión de las Masas.

    Lo único que le puedo decir, es que nací y me crié en Tocopilla. Nuestro principal balnerario es Caleta Boy. En las mañanas, era costumbre, que se bañaban en el balneario las élites de la ciudad: los hijos de los comerciantes, de los profesionales, de los profesores y los estudiantes universitarios. En la tarde nos bañábamos los del “pueblo”. A nadie le molestaba las costumbre consuetudiaria. Para nadie era violencia y sometimiento solapado. Era, incluso un aliciente para aspirar a bañarse en la mañana, una aspiración de movilidad social.

    Cuando me vine a estudiar al Barros Arana (entonces considerado el mejor colegio de Chile) y después universitario de la U de Chile en Santiago, me gané el derecho a bañarme en la mañana. Teníamos modos, formas de comportarnos que eran afines de quienes concurríamos. Años, muchos años después, ya casado, con hijos, los llevé a mi ciudad. Fuimos en la mañana a Caleta Boy: estaba convertida en un flaiterío. Una familia comiendo pollos, con botellas de bebidas de dos litros, etc. No, no me fue grato.

    Nadie se opone al ascenso social. Pero que ese ascenso vaya acompañado de buenas costumbres, de buenos modales, de mínimas composturas. No, no soy clasista. No desprecio a los conserjes, los saludo, tiramos la talla, conversamos. Me hago amigo del lustrabotas, del portero de la Universidad; pero no soporto los malos modales, la vulgaridad. El ascenso social debe ir acompañada de decencia, compostura.

    Como dijo un filósofo: todos somos iguales, pero algunos somos más iguales.

    Siempre buscaré espacios en donde me pueda relacionar con mis pares, porque tengo más afinidades en todo sentido, y el que no cumple las mínimas, siempre será un cuerpo extraño.

    Todos los anti sistemas, los izquierdistas burgueses, los hipster (¿quién más sofisticado que los hipster?) van al Patio Bellavista, van a la Plaza Ñuñoa, al Barrio Italia, a los cafés cerca del Bellas Artes, al Starbucks, van a buscar a sus iguales. No soportarían a flaites hablando fuerte, con radio, con coches con guaguas, mal vestidos, etc., no los soportarían.

    • Claudio dijo:

      Boris:

      Tipico discurso “no soy clasista, pero que rotos”. Haces una clara diferencia entre tú y el resto de quienes ejercen oficio; subrepticiamente estableces la falta de decoro, “costumbres” y vergüenza de quienes comen pollo y beben en botellas de litro, ergo, de quienes no pertenecen a tú clase. La historia de quienes se bañan en la mañana ES clasismo solapado; el sentir que DEBES esforzarte para lograr el beneficio de compartir con los privilegiados. ESO ES VIOLENCIA SIMBÓLICA. Hay separación, hay una represión consensuada.
      Nota aparte la reflexión: “nadie se opone al ascenso social, pero que vaya acompañado de buenas costumbres”. Ejemplo desgarrador, violento y sesgado de lo expuesto en la columna. Es como si asumieras que para ser socialité, se debe ser probo y santo. Que quienes son privilegiados de clase alta conservan estándares de civilidad perfectos. Cómo si los de estratos sociales acomodados no robaran, no ensuciara, no maltrataran ni estorbaran, no engañaran ni cometieran ilícitos punibles… ¡el viejo pascuero existe!.

      Al escribir esta respuesta reflexioné en meaculpa. Soy clasista culposo, de quienes adhieren a los contratos sociales contextuales y perfectamente aceptar la “anécdota aspiracional” de las horas de baño que menciona Boris.. pero una ves reflexionado, reacciono con repudio y violencia para erradicar aquello. No se si es mejor o peor que el clasismo ortodoxo, pero da cuenta de algo mencionado por Tito Flores y a lo que adhiero y complemento: El clasismo está instaurado, institucionalizado y arraigado en nosotros. ¿Para qué el escándalo?

  3. Ana dijo:

    Boris a mi parecer te equivocas, si eres clasista, seleccionas a las personas para relacionarte por su clase y le otorgas ciertos atributos. Dices que saludas al conserje y que no soportas a los flaites, ¿tu conserje es flaite? Puedes saludar a tu conserje, tirar la talla con el, pero intrínsicamente lo estas separando de “los de tu clase”. Hablas de las malas costumbres de los flaites, y de los sofisticados modos de la gente que va al patio bella vista. De forma segregada los clasificas por rasgos comunes, otorgas cualidades y defectos, y olvidas el individualidad de cada persona que compone a cada grupo.
    Te dejo a ti la tarea de discernir si esto es bueno o malo. El punto de este comentario no es discutir si ser clasista es algo violento o no, o juzgarte en algún grado. Sino para definir que es ser clasista, al menos para mi todo lo que has dicho es clasista y si para ti no lo es, me gustaría (realmente me gustaría, no es retórico) saber que lo es. Saludos.

  4. Pamela dijo:

    Boris su comentario aparte de irse por las ramas, parece de una persona clasista y sobre todo que siente que se ha ganado el cielo por algo que a todos les debería corresponder, que todos deberían tener la oportunidad y que lamentablemente no es así. No señor no se ha ganado el cielo, no ha hecho más que lo que hace cualquier persona en un país decente y si usted tuvo la suerte, porque eso fue lo que tuvo, de “bañarse con los ricos” es porque la vida le sonrió y le dio algunas cualidades que ellos buscan.

    Usted ha dicho cosas bastante feas y ni siquiera rebatió el punto del artículo, solo dice “el tal ha puesto su titulo, oh que malo” cuando usted contó toda su vida para dar importancia a lo que estaba diciendo. Usted solo habla de que se enoja con los flaites, y ¿sabe? a ellos probablemente les reviente usted y su “pseudo clase” porque por lo que veo se ha olvidado de donde viene, es más, es igual que ellos. Típico pobre que se hace rico, esos son los peores y no se preocupe que a usted los ricos de verdad no le van a pescar y también será para ellos un cuerpo extraño, porque en este país así son las cosas y usted no va a poder ser nunca igual a ellos por más que lo quiera. Casi parece que le hace un favor al conserje y al lustra botas por hablarles bonito porque de seguro no iría a un sitio de su agrado con ninguno de ellos, ni le importa lo que ellos quieran o por qué no pueden estar a su altura. Siga fingiendo estar en la elite, usted nunca será de ellos porque precisamente nació en Tocopilla sin apellido y no nació bañándose por la mañanita.

    Si tuviese un poquito más de mira se daría cuenta que la situación social, como lo explica el artículo, que exista la delincuencia, el faliterio y cosas de igual o peor envergadura, se debe a un problema de fondo y no de “modales” ni de forma.

  5. Manuel dijo:

    Este articulo es de por si clasista, tirando comentarios negativos de una parte de la sociedad a otra.
    Lo que nadie habla es que el clasismo se da, y quizas aun más, desde los sectores de menos a mas recursos.. Pero siempre se habla desde los que tienen mas a menos. Me han dicho que tengo cara de cuico, ingrese a la Univ. De las americas, y mi sola presencia causó rechazo en mucha gente de estratos mas humildes.
    Seamos claros con este tema, es lógico que uno se sentirá mas cómodo con gente que tiene costumbres similares a las de uno… Ya sea porque le gusta traer los pollos y las bebidas a la playa o porque le gusta comprar las cosas mas caras en la playa. Si a eso llaman clasista, entonces los mismos que catalogan ese comportamiento como tal son los mas clasistas de todos…. Y por favor seamos justos, en ambas partes existe clasismo. Si quiere ser coherente, escriba el articulo con el clasismo de los que tiene menos al que tiene mas

    • Claudio dijo:

      La gran diferencia entre el clasismo de los que tienes menos hacia los que tienen más es la influencia en el poder. Los pobres no dictan leyes… no por no saber, si no por que son pobres…. y los ricos dictan leyes… no por estar mejor preparados y ser ecuánimes, si no por que son ricos.

      De otra manera… quien está en estratos sociales altos podrá ir a cualquier parte, sin importar el dinero, pero decide marginarse de lo que encuentra de mal gusto… los que están en estratos sociales bajos están IMPEDIDOS de ir a cualquier parte… sin importar el dinero. No tienen el BENEFICIO de elegir.

  6. Manuel dijo:

    Perdona, yo no tengo influencia en ninguna parte, no soy una persona de plata… y puedo dar fe de miles que son como yo. Aun asi, cuando van a la nieve, no sienten discriminacion por nadie. Los que dictan leyes no son los que van a la nieve, y viceversa. Los que dictan leyes tienen tanta plata que se van fuera de Chile a esquiar, o definitivamente tienen un lugar para ellos, en algun lugar apartado en Chile. El resto no dictan las leyes.

    Todas las personas deciden marginarse de lo que encuentra mal gusto, eso es tranversal. Al llamar eso clasismo, es la raiz del problema. Yo no tengo plata, pero prefiero compartir en un sector tranquilo en vez de estar donde existan griterios de ninos y de sus padres, donde no respetan tu metro cuadrado, en donde el reggeaton sale por el altavoz de cada celular existente, en donde el “cul… shushatu…” se escuche cada 30 segundos, y en donde dejan todo absolutamente sucio porque traen toda la cocina de la casa (increible ver en uno de los primeros sectores de reniaca a gente que traia sus sartenes y ollas a presion)

    Y el beneficio a elegir, disculpame, pero si quieres ir a la playa a veranear lo mas comodo para el santiaguino son las playas del litoral central. Lamentablemente, la mayor parte de ellas estan habitadas por las personas con las costumbres descritas en el parrafo anterior. Por lo tanto, tanto la gente con plata como la que no, no puede ir a cualquier parte, ni tampoco yo. Debo gastar mas de lo que tengo para ir a un lugar agradable.

    Se trata de costumbres y educacion. Yo feliz comparto con gente de toda clase social. Pero que tenga educacion. Y te aseguro que la mayoria de los que tienen plata, piensan asi.

  7. Miguel A Peralta dijo:

    A veces olvidamos como somos los seres humanos, otras nunca llegamos a reconocer esta condición de tantas limitaciones y así preferimos ver la paja en el ojo ajeno ya sea por incapacidad, de ver la viga en el propio, o para mantener el edificio de nuestras a veces elegidas creencias y convicciones u otras veces impuestas por nuestras propias limitaciones en la elección o por limitaciones impuestas o también heredadas. Hay mucho que pensar , ver y escuchar antes de empezar a lanzar trastos por la cabeza a los demas, podríamos ,pienso, proponer soluciones donde las haya a este clasismo, mejorar el discurso y ponerlo al servicio de todos para beneficio de todos , democráticamente , con respeto ..claro que primero a sacarse esta vestimenta de visiones politico partidista, de sacerdotes de nuevas o antiguas religiones, de fundamentalistas destructores de todo lo que no esta en la biblia de sus creencias o en el sagrado libro de sus escogido fundamentalismo , ese que descarta al otro porque no piensa igual que ud…si fuera posible

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